Viernes 16 de marzo de 2012 |
El embajador israelí en 1992 participará del acto conmemorativo en Arroyo y Suipacha
Por Jana Beris | Para LA NACION
JERUSALEN.- Después de una larga trayectoria diplomática especializada en América latina, Itzjak Shefi llegó en marzo de 1989 a Buenos Aires, acompañado de su esposa, Rajel, para desempeñarse como embajador de Israel en la Argentina. Nada le vaticinaba que al finalizar sus funciones y retirarse del servicio diplomático exterior quedaría registrado en la memoria como «el embajador del atentado».
El 17 de marzo de 1992, a las 14.45, Shefi, por azar, no se hallaba en la embajada. Había ido a almorzar a la residencia particular, por insistencia de su hija. Así salvó su vida. En su departamento en el barrio de Beit HaKerem, en Jerusalén, poco antes de partir a Buenos Aires, donde participará del acto en conmemoración de los 20 años del atentado, Shefi vuelve a recordar el momento en el que volvió a nacer.
-¿Con qué espíritu llega a la Argentina?
-Los sentimientos son mixtos. Por un lado, el motivo del viaje es la conmemoración de 20 años del atentado en el cual murieron colegas y amigos y hubo muchos heridos. Además, al volver a esta bella ciudad, la pena se mezcla con la alegría.
-¿Cómo recuerda aquel día?
-Para mí todos los años es lo que para un judío piadoso es Tishá BeAv, fecha que recuerda la destrucción del Templo. Esta embajada en la calle Arroyo era mi templo y lo vi destruido. Quedé con esa imagen de una embajada que, si bien no era lujosa, estaba impregnada de historia. Era una embajada por la que pasaron personajes israelíes, diplomáticos, políticos. Toda la historia de las relaciones entre Israel y la Argentina y entre Israel y la comunidad judía argentina impregnaba ese edificio.
¿Qué es lo primero en que se piensa en un momento así?
-No hubo pensamientos. Se intentaba sacar ladrillos para sacar a gente que todavía estaba debajo de los escombros. Ningún diplomático recibe preparación acerca de cómo actuar ante una tragedia como ésta.
-Pero para un diplomático israelí tiene que ser mucho más común pensar en la posibilidad de un ataque?
-Sí, pero este pensamiento es parte integral del ser de un diplomático israelí, ya que siempre está al lado suyo un guardaespaldas. No va más allá de esto.
-¿Cómo fue la actitud de las autoridades argentinas?
-Yo creo que ellos recibieron el shock no menos que nosotros. Si bien la Argentina pasó años difíciles durante las dictaduras y sufrió atentados de carácter político, nunca antes había ocurrido algo de semejante magnitud. Encontré en el canciller [Di Tella] un ser humano que se identificó con la tragedia.
-La ayuda interna era clave.
-Quiero decir que los terroristas tenían contactos con elementos locales. De eso no cabe duda. Hay una serie de preguntas que hasta hoy no tienen respuesta, porque los 20 años de investigación no llevaron a resultados concretos.
-Irán fue acusado de haber orquestado el atentado contra la embajada de Israel así como, dos años después, contra la AMIA. ¿Así lo ve usted también?
-Este peligro que Irán mostró que es capaz en 1992 es mucho más fuerte hoy en día. El hecho de que no se repitieron las tragedias de Buenos Aires es porque Israel sacó las lecciones de esos atentados. Pero los diplomáticos israelíes corren peligro más de lo que nosotros corríamos hace 20 años. Si en aquel entonces Irán trabajaba en la Argentina a control remoto, hoy en día la presencia iraní en América latina es mucho más palpable, si tomamos en cuenta lo que ocurre en Venezuela, Bolivia, en cierta manera en Nicaragua. Ellos ya no necesitan control remoto porque están en América latina. Hoy en día entiendo que incluso tienen elementos militares que instruyen a los ejércitos en estos países. Así que el peligro es mayor.
Shefi: «Hoy Irán es un peligro mayor»
16/Mar/2012
La Nación, Ana Jerozolimski